Emisarios de Ilusión

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Un hogar de cartulina


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Hace algunos años iniciamos una historia en conjunto para un proyecto de niñez. Algunas personas colaboraron. Queremos mostrarles la recopilación que se hizo en su momento. Es un recuerdo muy lindo y podemos apreciar el gran talento de cada uno.

Había una vez una niña llamada Lucía, sentía que no podía empezar. Sentía que todo estaba destruido, lo único que sacaba la esperanza de aquel callejón (que tenía el aspecto como de un hueco sin color) era su propio ser. Su vida estuvo perseguida por temores, por desilusiones, por fracasos. No quería intentarlo, no quería pensar, no quería nada y a la vez quería mucho….  Christy Quesada Segura.

Un día confundida y en busca de respuestas huyó de casa hacia un lugar oscuro y vacío. Al llegar al lugar solo logró perder su fe y enrredarse más en sus propios temores. No entendía qué le pasaba ni qué la aferraba a ese lugar, solo sabía que tenía que huir de ahí pero no podía, estaba demasiado atrapa en sus propios pensamientos y temores para poder liberarse. Nicole Romero.

Su corazón latía en blanco y negro, cada vez que cerraba sus ojos para recordar algunas fotografías del pasado, una de ellas era una muñeca de trapo sin manos ni pies, otra una cobija de rayas repleta de agujeros y la más recordada por ella era, la imagen de una caja de cartón que se había humedecido por el frío de la noche y lágrimas que por cierto recolectaba en su frasco de «memorias» para cuando fuese necesario regar alguna planta seca, más seca de lo que estaba su corazón. Geova Fernández.

Caminaba sin rumbo, el viento era necio, golpeaba sobre su cuerpo con violencia. Por las mañanas empezaba su rutina, salía de su casa con el bolso lleno de ilusiones, siempre regresaba vacío, era como si el caminar por la vida le hiciera perder la esperanza. Felipe Zúñiga.

Al pasar los días y las noches la única compañía era su propia soledad, nada la consolaba, ni la sonrisa ajena. Una mañana de otoño decidió visitar su parque favorito en el centro de la ciudad. Recordó cuando lo visitaba con sus padres de niña y jugaba frente al lago con su hermana bajo una lluvia de hojas secas. Victoria Monterrosa Pérez.

Decidió ir un momento al lago a revivir historias, a imaginar momentos que ya no existían, que solo ella, el tiempo y el dolor entendían. Lo único que pudo ver fue su rostro en el reflejo del lago, un rostro distorsionado no por el agua, sino por el dolor, aquel que cada vez se hacía más fuerte al no poder encontrar aquello que no tiene fin… Gloriana Quesada.

Desconsolada empezó a caminar nuevamente sin un rumbo fijo, guardando una pequeña esperanza por encontrar algo que le devolviera ilusiones a su corazón. Caminó y caminó sin darse cuenta que había regresado al centro de la ciudad, ese lugar en donde tantas veces quizo buscar una nueva ilusión, pero donde de igual forma tantas veces su condición seguía siendo la misma… Marce Montoya Castro.

Y fue entonces, regresando a la ciudad, donde una suave mano tocó su hombro. Asombrada volvió la mirada para ver quién tenía la osadía de tocarle. Para su gran sorpresa, eran unos grandes ojos color marrón que le devolvieron un poco de esperanza en ese momento de tristeza. Era un joven que venía de un pueblo lejano y quien se encontraba desorientado en la ciudad. Hola, dijo Lucía, y el joven con un tanto de timidez le contó que era nuevo en aquel lugar y no sabía cuál dirección seguir para llegar a su destino. Lucía, quien conocía cada uno de los rincones de esa ciudad, gustosamente ofreció acompañarlo a su destino, sin la más remota idea de lo que ese encuentro del destino le traería a su vida… Ana Laura Ávila.

Caminó con él por la ciudad y temerosa empezó a hablar de todo lo que en ella sucedía. El joven escuchaba con gran atención mientras ella poco a poco iba desahogando sus penas. De repente llegaron a su destino y él muy amablemente empezó a contarle la historia de su vida y cómo desorientado había llegado a esa cuidad de recuerdos… Greivin Barrantes Alfaro.

Y los recuerdos seguían en su memoria. Al principio se tornaba interesante escuchar los recuerdos de ambos, sin embargo los dos terminaron en un río de lágrimas. En eso el joven recordó la ubicación y algo muy importante, que a pesar de su pasado el pudo seguir adelante. Pau Guillén.

Al rato ella entró a la enorme casa, era como las que solía ver en revistas, muy bien decorada, grande y agradable. Él le ofreció tomar asiento en uno de los enormes sillones. La trató con atención y delicadeza, mientras le decía que trabajara para él y a cambio obtendría todo aquello que siempre deseó. Ante tentadora propuesta ella accedió, pensó que este sería el cambio que necesitaba… Piero Capra.

Su corazón latía tan fuerte, sus latidos aumentaban la velocidad, su respiración tan intensa era mezcla de una falsa esperanza y un miedo abrumador… Un silencio interminable era la base musical de los pasos de aquel hombre que se acercaba poco a poco hacia ella. Todo lo que pasaba en aquel lugar parecía llevarse a cabo en cámara lenta, hasta al más mínimo movimiento llevaba el sello de suspenso. Hasta que al fin estaba frente a frente. Él se arrodilló, y llevando su mano sobre el rostro de aquella pequeña, que temblaba como un ciervo acorralado por un cazador, la acarició. Mirándola fijamente empezó a llorar, lloraba como un niño… Ella no entendía qué pasaba, aquél hombre la había llevado para trabajar con él, le había ofrecido trabajo sucio y ahora estaba frente a ella llorando. ¿Qué era aquello? Pensaba que quizás ya la había visto bien y no le había parecido atractiva, que quizás la iba a echar de su casa. Para Lucía fue muy confuso aquel momento. En eso el hombre bajó su rostro y le dijo: ¿por qué? Eres tan pequeña, eres una niña, ¿cómo puede alguien como tú estar acá? ¿Cómo nadie te ha venido a buscar?… Mira, la verdad tengo que confesar, yo no te quiero hacer daño, te traje acá porque quiero mostrarte algo… Leah Netzer.

El fotógrafo estaba loco, entre risas, lloro e incertidumbre la llevó a uno de sus salones, quería mostrarle su nuevo trabajo. Él estaba contratado para eso, no importaba nada, la comercialización de niños era su fuerte. Cuando Lucía llegó a esa fría y triste habitación, se topó con otros niños, en realidad, sus nuevos compañeros de trabajo. Christy Quesada.

En ese instante, Lucía no entendía nada, sentía confusión y enojo, pero en su interior sentía un alivio tan profundo que le provocaba llorar, y lloró, lloró como nunca lo había hecho, desahogó con aquel fotógrafo todas sus historias, cómo sentía que no valía nada, que su vida no tenía sentido, que vivía en un lugar sin esperanza, sin razón, entre latas y cartón, con padres que nunca la desearon, con la fe destrozada, y lloraba también al ver que aquella pequeñísima y minúscula llama de esperanza que aún le quedaba fue suficiente para encontrar este lugar… Jessica Gonzalez.

Una pregunta que le abrumaba salió temerosa de sus labios: ¿por qué haces esto? El reloj antiguo colgado en la pared movía su péndulo y marcaba los minutos que pasaban bajo el peso de su inaudible respuesta. Un pasado disfrazado de presente parecía hacer de las suyas en el corazón del fotógrafo que se sentía de nuevo como aquel niño que un día juró nunca más volver a ver. No podía precisar exactamente el momento, pero la claridad de los recuerdos dejaban ver el dolor de su abuso marcado en su pecho que inconforme buscaba colarse entre la inocencia de otros niños. ¿Cuántos más eran necesarios? ¿Cuántas veces se tenía que repetir la historia?… Elenny Hernández.

Lucía sin embargo, se sentía triste, rechazada, con poca aceptación por parte de sus compañeras de escuela debido a que era una niña muy hermosa a la que sus compañeros amaban por su jovialidad, carisma y lealtad. Las mujeres la odiaban por sus bajas calificaciones y por su belleza exterior, además siempre reprochaban que los hombres la amaran tanto debido a su físico. A pesar de todo Lucía se sentía fea, con baja autoestima y sola porque contaba con una familia disfuncional en donde su padre lo único que hacía por ella era bajarle la autoestima, y cada vez que ella se veía al espejo, le decía palabras ofensivas como: «¿de que juegas”? Su madre se encontraba completamente ausente porque toda la atención que ella reflejaba iba dirigida al padre de Lucía… Un día Lucía detuvo su camino y se dio cuenta que necesitaba de algo, o mejor dicho, de alguien fuera de este mundo, y volvió sus ojos hacia el cielo… Nathalia Romano González.

Y dijo: «¿para qué me creaste? ¿Para sufrir… ser maltratada… y rechazada por los demás? Sé que existes… y me duele demasiado no tener a alguien que realmente me ame de verdad. Ella sabía a Quién le hablaba… lo que no sabía es si Él realmente le escuchaba y entendía su más profundo dolor. Mientras gritaba hacia el cielo consumida en llanto… el fotógrafo borracho la agarró del pelo y con enojo le dijo: «¿a quién le hablas miserable? Nadie te escucha… a nadie le importas… ni siquiera a mí… Te secuestré porque me puedes ser útil pero no porque me importes…. Has algo útil animal… Cuando no te necesite más, te doy permiso de dejar de respirar… Ruth Sea.

Y fue en ese instante de triste humillación cuando ella al fin pudo mirar con claridad… Cada una de las respuestas que ella tanto anhelaba estaban contestadas muy dentro de su corazón… entonces fue cuando se dio cuenta de que ella, su cuerpo y su mente, no le pertenecían a nadie más que a Aquél al que tanto le hablaba… Supo al fin que merecía ser amada, y que de alguna forma tenía que salir de ese círculo vicioso… La pregunta ahora era: ¿cómo? Melissa Díaz.

Lucía, al recordar la verdadera labor del fotógrafo, de un artista que no podrá hacer fotografías sin ningún tipo de sentimiento, decidió enredar a este entre sus temores, angustias y dudas del mundo exterior con comentarios aterrorizantes. ¿No crees que allá afuera, donde todo funciona con dinero, donde las personas no piensan más que en sí mismas, las personas se consumen más en su propio odio, así, como tú y yo? El fotógrafo un poco aturdido dudó algunos segundos por una respuesta y se dedicó entonces a documentar aquel odio, aquella tristeza que guardaba el objeto, ya que para él Lucía solo sirvió unos días como inspiración. En paredes oscuras con luces de flash, Lucía fue desnudando su corazón de puro odio y el fotógrafo llenando el suyo… Nazareth Pacheco.

Cuando pensó que encontró lo que buscaba, nuevamente se esfumó, se quedó en medio de la nada, esperando a que todo cambiara, a que pudiera vivir, correr, abrazar, pero sabía que nada de eso vendría. ¿Y tú qué me ofreces para poder estar cerca de mi anhelo? Mi corazón espera, pero mi mente no me deja continuar. Estoy como muñeca que necesita a un ser que la levante y la lleve a ese lugar. Odaly Mendoza Sánchez.

Pero bajo la capa interminable de neblina que ve su mente, no encuentra el camino, mucho menos su destino. Solo ve gris, tono rey de sus pensamientos más profundos. Lluvia de deseos inalcanzables que solo juegan con su vida, burlándose a lo lejos de sus fracasos, que se apoderan poco a poco como precarios en montaña. Cada latido de su corazón es una puñalada fuerte que la atormenta cada segundo de su vida. ¿Dónde está esa respuesta que tanto necesita? ¿Será que cayó en una profunda pesadilla de la cual no puede despertarse? Ramiro Núñez Roldán.

Con tantas interrogantes dentro de su cabeza, Lucía continúa pensado cuándo será el día en que podrá ver la luz al final del túnel en que se encuentra. Con la consigna de que mañana empieza un nuevo día, Lucía no pierde la fe y la esperanza de que en medio de todo el dolor que se encuentra viviendo, se va a reponer para seguir adelante con los sueños y anhelos de su inmenso corazón que retumba cada día con más fuerza… Antonio Arroyo Álvarez.

Após pensar e pensar e pensar, Lucia percebe que a luz no fim do túnel não existe. Lucia sente que a mesma luz que brilharia ao final do túnel já brilha dentro si. Com isso, resolveu não deixar que seus sentimentos negativos a atrapalhassem na busca de seu maior objetivo. Este foi seu primeiro passo para perceber que tudo o que precisava estava dentro dela e, conjugado com o mundo exterior, poderia ser mais feliz, com menos questões inquietantes, mais de si, mais Lucía. Vinícius David.

Al iniciar un nuevo día, poco a poco la fe y el deseo de encontrar aquello que nunca fue suyo, hizo que Lucía tuviese valor y la convicción de dejar sus tristes recuerdos en la penumbra del ayer. Tomó valor de la poca fuerza que aún quedaba en su alma y con paso firme y una tenue luz en su rostro, caminó buscando la oportunidad, oportunidad que se transformó en realidad cuando pudo compartir su amarga vida con otras niñas llenas de odio y venganza, pero, con muchas ganas de vivir y una fe radiante que levanta el espíritu… Wendy Conejo.

Pamela, una de las niñas que también se encuentra con Lucía, se le acerca, intrigada… ¿Cómo es posible que todavía tus ojos brillen?, pregunta. Las dos estamos aquí rodeadas de este olor a muerte. Nuestras vidas ya no valen nada. Nadie nos busca. Nadie nos recuerda… ¡NADIE! A nadie le importamos. Pamela suspira y continúa: Pero tú, Lucía, parece como si no estuvieras aquí. Todavía tienes ese brillo en tus ojos. ¿Acaso hay todavía esperanza? Y si es así… ¿por qué no me das un poco? Mi esperanza se quedó ahí afuera el día en que puse un pie en este lugar. Ese día me morí, y la que tú ves aquí, es solo una sombra de lo que era yo… Yo tenía sueños, ilusiones. Yo creía en la gente… A pesar de que en la vida no me había ido bien yo tenía esperanza… pero ya no… Dame un poco de tu esperanza Lucía… Ayúdame a creer de nuevo. ¿Acaso todavía tienes esperanza? Adriana Sánchez Cubero.

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Visita a Molaa: Museo de Arte Latinoamericano. California, Estados Unidos


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Nos recomendaron ir a Molaa, Museo de Arte Latinoamericano ubicado en California, Estados Unidos. De camino pareció como si nunca fuésemos a llegar, había demasiada presa y ruido. Llegar a Molaa fue como entrar a un retiro, a un espacio de paz y de encuentro con buen arte.

Sinceramente nos gustó mucho la temática que le dieron a la exposición porque nos identificamos con los temas. Nos apasionaron.

Queremos resaltar una exposición en particular: “La Gravedad de los asuntos”, un trabajo colaborativo entre artistas mexicanos y expertos rusos. Ambos exploraron el tema de la gravedad cero/el concepto de la ingravidez, con diversas visiones.

En la exposición se presentan los temas de arte, ciencia, magia, un mundo donde se da relevancia a la curiosidad y a la experimentación. 

Los bloqueos mentales desaparecen para crear en conjunto. El trabajo en equipo entre artistas y científicos abre camino a nuevas reflexiones, preguntas e ideas.

¿De qué trata la gravedad cero o ingravidez?

Es la sensación y experiencia de una fuerza. En la gravedad cero un cuerpo es liviano, no se siente de la misma manera.

En el periódico la Razón lo describen muy bien: «la gravedad es el cupido en la historia del universo, rector de todos sus movimientos, a pesar de ser considerada como fuerza débil».

Es como una caída libre, no hay suelo, ni obstáculos. Sin gravedad podríamos volar.

Seguimos recorriendo el museo y nos topamos con algunas obras de otros artistas que crearon textos con el tema de la gravedad, de la Luz y la interacción en el mundo virtual. Nos gustó mucho que lo hayan representado en forma de diálogo, poesía y tecnología.

Ver un poco de filosofía/reflexión le da un giro fresco al museo, al menos le da magia a las exposiciones. Son experiencias que nos identifican. Este tipo de dinámicas nos representan.

Diálogo sobre la gravedad

Extracto sobre la Luz

Memememe, interacción virtual

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El llamado del café


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Hay días donde la energía no es la misma y el silencio ambiental no es tan agradable. En esos momentos vale la pena hacer algo que nosotros llamamos: CREAR.

Por eso nos fuimos a uno de los lugares más lindos y puros (para nosotros): Valle de Orosi, Cartago. Andábamos en busca de un café. Solo queríamos un café y observar el verde de los campos abiertos…

¡Nada abierto! Todo estaba cerrado por ser una semana reservada, pero… había un lugar que ya habíamos visto antes, solo que nunca habíamos entrado. Ese sí estaba abierto. Tenía un rótulo muy visible: Jabones de café… 

No sabíamos si vendían también café, entonces nos asomamos rápidamente. Cuando vimos mesas, decidimos entrar.

Era toda una galería de Cafegrafía y creaciones de jabones orgánicos inventados por el artista Saúl Bolaños. 

Básicamente se pueden apreciar técnicas de fotografía con el uso del café en su Museo Costarricense de Café Arte.

Saúl es un alquimista que inventó una serie de fórmulas secretas para darle vida al café. Sus procesos químicos han permitido que se revele magia y belleza en sus producciones.

Ese día no solo observamos su creaciones, hablamos, filosofamos y tomamos café preparado por él mismo. Ese fue un momento para crear y darle magia a este mundo. 

— Todos los sistemas manipulan, controlan y mienten… pero el ARTE ES LA VERDAD, dijo con seguridad. 

Continuamos hablando de otros temas y al rato se le ocurrió decir:

— No se pueden hacer cambios en el Universo.

Nosotros manteniendo la esperanza, le contestamos:

— ¡Sí! Sí se puede. Todo se puede transformar. ¡Aahhh! y el amor por el café está regresando. 

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Niñas con grandes espíritus


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Sentando en el parque central de Antigua Guatemala, mientras me comía un helado, logré ver a un grupo de niñas, habitantes de la ciudad, algunas con 4 años y otras con 10.

Me quedé observando lo que hacían. Me llamó mucho la atención que, a pesar de ser tan pequeñas, tenían que trabajar, quizás por gusto o por obligación para poder llevar algunos quetzales a su casa, lo más seguro, la segunda opción.

Por ratos ellas se olvidaban de su deber y se ponían a jugar, incluso (digo yo), a debatir o comentar algún tema.

Lo que más me llamó la atención fue que, a pesar de sus condiciones económicas y sus carencias, ellas nunca pararon de reírse y divertirse.

Fueron las risas más dulces y sinceras que había visto, me contagiaron de tanta dulzura, amor y paz. Fueron detalles que marcaron mi viaje.

Me sentí con mucha tranquilidad, y justamente en ese momento, reflexioné… Me preguntaba cómo unas niñas tan pequeñas sabían pasarla tan bien, y sin necesidad alguna de tener grandes lujos o comodidades, ellas jugaban y jugaban…

¡Qué importante es saber que con poco, puedes ser y hacer feliz a otros! ¡Qué importante es apreciar lo que tenemos! ¡Qué importante es estar siempre alegre! ¡Qué importante es hacer de la vida una fiesta!

Niñas pequeñas pero con grandes almas. 🙌🍃

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Autor: Ignacio Ortiz
Fotografía: Ignacio Ortiz
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Impresiones de la película «Desert Dancer»


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Hace tiempo no llorábamos al ver una puesta en escena. Para muchos tal vez es un secreto que el baile o la música están prohibidos en ciertos lugares.

Meses atrás queríamos mirar la película “Desert Dancer”, pero solo hace poco nos sentamos para apreciarla en todo su contexto.

La película se desarrolla en Irán. Muestra la historia real (y seguro habrán muchas historias similares en anonimato) de un bailarín que desea expresarse, y junto a un grupo de amigos, emprende la odisea.

Arriesgando sus vidas, comienzan a ensayar, ocultos, en un espacio aislado que no levante las sospechas de aquellos que impiden el arte, específicamente el BAILE.

Esta expresión artística fue prohibida en Irán, pues era considerada un “delito” ante los ojos de las autoridades.

Pero entonces, ¿a quién iban a mostrar esa pasión? ¿Al aire? ¿A la soledad? El grupo quería mostrarlo a una audiencia, así que decidieron arriesgarse.

Después de varios ensayos, esta compañía clandestina (formada por pocos bailarinas) viaja al desierto para mostrarle a un público exclusivo sus más íntimos sentimientos y movimientos.

La película continúa y… 
 
— ¿Así que eres artista?, pregunta uno de los miembros del partido político electo. Golpéenlo artísticamente (dando órdenes a su equipo).
 
Ya no les contamos más. Véanla… ¡Hace tiempo no sentíamos algo tan humano…. la expresión gritando por todos esos años en búsqueda de libertad, del SER, de vivir conectados a la fuerza infinita que nos CREÓ como energía danzando!

Así se siente, ahí, en el vacío del vientre, ahí en el rojo del latido… y ahí… en el espacio eléctrico que colabora con la armonía del Universo.

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Los propósitos de Dios. Una historia real


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Los propósitos de Dios son más grandes. Hoy nuestro día termina con emociones fuertes y con agradecimiento. 

Inicié el día quitando los adornos y el árbol de Navidad. Carlos, como pocas veces, pudo llegar tempranito y nos invitó a cenar. Al estar con tanto trabajo, le pedí quedarme.

Mientras subía el árbol, escuchamos un pajarito. Salimos a buscarlo… era un pichoncito que apenas podía volar.

Lo cogimos para ver que hacíamos (por la casa hay muchos gatos en los techos y no hay árboles cerca).

Preocupados llamamos al veterinario de Rua. Al describirle la situación nos dice:

— Se va a morir, lo pueden dejar afuera (ya estaba oscureciendo) para que la mamá lo busque, pero se lo puede comer un gato. 

Finalmente nos dijo:

— Lo cuidan por quince días para que le crezca la colita y pueda volar… Le pueden dar alpiste y agua con miel de abeja. 

Lucy, emocionada, le puso «SEBASTIÁN».

Carlos se fue corriendo a una veterinaria a conseguir todo. Al llegar a la casa, con lágrimas en los ojos, me dijo que somos afortunados. 

Nos contó que después de comprar las cosas en la veterinaria, un muchacho se le acercó.

— Doctor, ¿usted no me recuerda? Yo trabajaba con usted en el hospital… le ayudaba… Doctor, tengo cuatro meses sin trabajo y no tengo casi para comer… 

Carlos lo reconoció e inmediatamente le ayudó económicamente (efectivamente lo recordaba como un muchacho responsable). 

Al preguntarle por sus datos para contactarlo si encontraba un trabajo, el joven le contestó:

— «ME LLAMO SEBASTIÁN».

Creo que no existen las coincidencias, sino la mano de Dios que nos deja enseñanzas de vida y oportunidades para ser instrumentos de bien.

Aquí está nuestro Sebastián… a la espera de que crezca su colita.

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Autora: Marlen Fallas
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Info-emprendedores


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En la era del conocimiento, desprogramar para volver a programar la mente, ayudará e influenciará a otros que desean cambios en distintos niveles. De esto se encargan los info-emprendedores.

De esta manera se difunde y se comparte la sabiduría, ayudando a progresar integralmente. Esto se puede llamar «entrega de innovaciones».

Son los info-emprendedores quienes han aparecido con grandes paquetes de conocimiento para entregar a todos aquellos sedientos.

Los info-emprendedores hablan de cambios en la consciencia, y por lo tanto, de cambios en el sistema político, educativo, económico, cultural…

Así que ellos pueden compartir de lo suyo basado en experiencias (buenas o malas) y ofrecerte un salto de frescura. El progreso es ahora y es distinto.

Los cambios acentúan la expresión de emociones, sensaciones, palabras… dando alimento que nutra a todo el ser y ayude a estabilizar.

No olvides aprender y rodearte de los info-emprendedores, y por supuesto, convertirte en uno de ellos.

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La noche admirable en el restaurante


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Después del trabajo quisimos ir a hacer «algo». Quisimos intentar tomar una bebida en un espacio distinto. Esa fue la noche admirable.

Así fue, nos fuimos a conocer un lugar «nuevo» para nosotros. Al parecer, ya estaba abierto desde hace algunos meses. 

Era un restaurante con opciones veganas/vegetarianas ubicado en una casita de madera, decorada al estilo vintage, con arte y lindas frases por todo lado.

Allí probamos las croquetas veganas acompañadas de un vinito. Hablamos de las ideas que podrían generarse en esa ciudad con aire de «paz».

También estuvimos disfrutando de la música que tenían. Las melodías fueron perfectas para el momento.

Por cierto, creemos en las palabras y creemos en lo que sucede cuando se escriben o se pronuncian. En el menú, el restaurante se describe como un lugar de paz. De hecho algo se sintió.

Fue lindo observar a una de las chef bailando mientras preparaba sus platillos, o a la mesera atendiendo con una sonrisa.

Esos detalles generan un ambiente agradable y alegría para el corazón de muchas personas. Al menos así fue para el nuestro.

Esperamos que cada día podamos percibir esa energía que despierta el amor en cada ser humano. Solo hay que vivirla y transmitirla.

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Fotografía: Freepik
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Cena con Noticias Mi Ciudad. Historias y sonrisas


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El sábado 21 de octubre de 2017 tuvimos la Cena de Noticias Mi Ciudad. Esta estuvo llena de historias, sonrisas, amor, anécdotas y más. Nos encontramos y nos relajamos. Nos encontramos y disparamos ideas.

Quisimos reunirnos con algunos (de muchos) que han formado parte de todas estas aventuras fantásticas. En Noticias Mi Ciudad somos familia y nos apoyamos.

En los próximos días estaremos publicando las historias que compartieron tres «storytellers».

Adicionalmente como parte de las buenas acciones hicimos una recolección de víveres junto al Consejo de distrito de San Miguel de Desamparados para entregar a algunas familias. Gracias a las personas que colaboraron en la entrega de donaciones:

1. Lilliam Segura
2. Marvin Quesada
3. Gloriana Quesada
4. Jose Pablo Calvo
5. Gustavo Picado
6. Irene Jiménez
7. Pedro Gómez
8. Patricia Cascante
9. Francisco Hernández
10. Luis Alberto Cordero
11. Nury
12. Ignacio Ortiz
13. Jorge Ureña
14. Dennis Petri
15. Christy Quesada

¡GRACIAS POR ESTA NOCHE! ¡GRACIAS POR SUS VIDAS! ¡GRACIAS POR SOÑAR, CREER Y HACER!

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Fotografías: Jhewsfotos 
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De “ciudad de lodo” a comunidad resiliente


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Resiliencia: capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido” Real Academia Española.

28 de septiembre de 2017. Un día que marcó la vida de muchos de los que habitamos este pequeño valle conocido como El Guarco, más específicamente el pueblo de Tobosi y la pequeña pero no menos significativa comunidad de La Hacienda.

Déjenme volver atrás en el tiempo y revivir un momento en nuestras vidas que probablemente resonará en el corazón del recuerdo de muchos. Hace poco más de tres años mi esposo y yo teníamos planes de todo, menos de comprar casa. Luego de una visita al supermercado y con una paella en la mano para ir a almorzar, nos encontramos conociendo personajes cuyas historias nos trajeron al único lugar en Costa Rica que mi mapa mental no tenía registrado: Cartago. “Podría vivir en cualquier parte menos en Cartago”, le repetía constantemente a la gente. “Ahí no hay nada que hacer”, afirmaba como buena josefina. Lo que no sabía mi gran arrogancia era que en ese lugar, y aún “más adentro”, mi alma encontraría por fin el reposo que anhelaba y la familia extendida de un “barrio” que solo recordaba por las historias de mis abuelos.

El camino me pareció eterno, recordando solo “el cruce de Taras” como punto de referencia, pero llegar a la Lima y al Quijongo asemejaba el paseo de domingo de la niñez. Al doblar por la bomba, ya mi sentido de orientación estaba quebrado y la única guía era una señora que nos dictaba la dirección desde la parte de atrás del carro.

La manera cronológica y mental en que sucedió todo, no la recuerdo. Lo que si experimento hasta el día de hoy es el olor de las montañas, el vaivén de las ráfagas juguetonas, y la libertad y certeza inmediata de saber que “ahí” conquistaríamos la cima e izaríamos la bandera… habíamos llegado a casa.

Poco a poco el barrio se fue llenando de viviendas y las casas cobraron vida. La Hacienda no era un condominio cualquiera, aquí la gente se hablaba, se sabía los nombres de los vecinos, sus hijos (as) y hasta sus mascotas. Algunos se pasaban “el gallito” o se tomaban el café en las tardes, otros organizaban caminatas y se unían en grupos para hacer ejercicio para el cuerpo y para el alma. La Hacienda se había convertido en un verdadero hogar, que olía a hogar y a café recién chorreado.

Por eso el jueves 28 de septiembre marcó un hito en la historia de esta pintoresca comunidad. Ese día la furia ancestral del “dueño” del río, el indio Purires, volvió a resonar en la memoria de la tierra, con truenos y relámpagos y muchísima agua para inundar las tierras de Tobo, su archienemigo. A Purires se le olvidó que el perdón es el camino a la liberación y sin ningún reparo, revivió el pasado, llevándose a su paso todo lo que encontraba.

¡Cuánta inocencia en la naturaleza! ¡Cuánta desazón alrededor!

Atrapados en nuestras casas o en el carro sin poder entrar, fuimos testigos del retumbo de un caudal irreverente que entraba a nuestras casas sin pedir permiso. Nadie nos preparó para tal acontecimiento, nunca nos mencionaron al indio Purires ni su rencilla con Tobo, y muchos menos el nacimiento de la “ciudad de lodo”. Una tragedia de tal magnitud era inimaginable hasta ese momento y lo único que teníamos eran nuestros rezos, sobre todo el encuentro cara a cara con aquella virtud olvidada muchas veces: la humildad.

A las 5:00 p.m., con el sonido de las ambulancias disipándose en ecos lejanos, los habitantes del pueblo comenzaron a retornar a sus casas. Hubo llanto. Hubo rostros deformados por la consternación y también miedo y confusión. La humanidad encarnada hace estragos en momentos de sensibilidad y nos llena de múltiples emociones.

A eso de las 6: 00 p.m. y a “tientas” porque no teníamos electricidad, comenzamos a medir el alcance de lo sucedido. Recuerdo haber pensado con lágrimas en los ojos que nos tomaría años limpiar el desastre, mientras que las imágenes de la película de ese primer día llegando a casa, pasaban una y otra vez por mi cabeza.

Las botas de hule se pusieron de moda y del amanecer al anochecer la pala, el pico, la escoba y el trapeador se habían convertido en nuestra mejor defensa. El llanto se convirtió en hermandad y la comida para alimentar al barrio —asemejando un jardín del Edén— comenzó a brotar en el corazón de los héroes anónimos.

Hombres, mujeres, niños (as) y ancianos (as) unidos en un solo corazón, sin distinción de posición social, profesión o vestido. El número de casa se volvió indiferente, transformándose en “puntos de encuentro” para el descanso del almuerzo o el café.

¡Gracias por las noticias exageradas! Gracias por lo bueno o lo aparentemente “malo” que nos muestra la Misericordia y Amor de un SER SUPREMO que sostiene todo y que de la manera más compasiva nos ayuda a despertar.

Gracias porque somos familia, porque como almas bondadosas nos apoyamos, desempeñando el rol que nos corresponde. Gracias por la solidaridad que nos lleva a crecer y a resurgir de la “destrucción” temporal. Gracias por las historias de cada uno (a) y por los corazones hermosos de los héroes anónimos cuya motivación es la pureza y el amor. Gracias porque hoy no somos los mismos (as) de ayer. Algo se orquestó ese 28 de septiembre de 2017, algo que ni siquiera el ruido de las sirenas ni el llanto, ni las noticias amarillistas, ni el lodo, ni la furia de las leyendas de antaño pudo opacar: la unión, el amor y la humildad.

En pocos días y muy a pesar de las “llenas”, nuestro paraíso ha retornado a su sutil armonía. Han vuelto las mariposas amarillas y los colibríes, han salido los niños (as) a las calles con su relajo infantil que alegra el corazón, han vuelto las mascotas a caminar, a sentir el pasto, a olisquearlo todo. Me gustaría decir que el esfuerzo fue mucho, pero en realidad, cuando miro atrás, solo veo una “mano” bondadosa sosteniéndolo TODO, susurrándome al oído que está bien, que somos amados y bendecidos.

A todos y todas las que sin ningún reparo entregamos todo para el bienestar común. A una comunidad que dejó la individualidad de sus casas para dar una palabra de aliento, un palazo al barro, una barrida al lodo, un vaso de agua al sediento y comida al hambriento. Todo aporte fue agradecido y atesorado y continuará resonando en la memoria celular de este, mi barrio, su barrio, nuestro hogar.

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Autora: Nathalie Prado
Fotografía: Nathalie Prado
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